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Resultaba fácil
predecir que la crisis mundial de crédito iba a ser una gran preocupación
en las reuniones de primavera del FMI/BM. Pero si bien esto era cierto, se
dio claramente el caso en que los jefes de las dos instituciones tuvieron
la intención de concentrar la atención sobre el rápido aumento del precio
de los alimentos en todo el mundo. Tanto Robert Zoellick, del Banco
Mundial, como Dominique Strauss-Kahn, del FMI, hicieron de la crisis el
centro de sus mensajes a los medios de comunicación.
No es de
sorprender, quizás, teniendo en cuenta que los "disturbios alimenticios"
están acaparando los titulares en muchos países de bajo y algunos de
mediano ingreso. Desde febrero, el malestar social en respuesta al aumento
del costo de vida - siendo el precio de los alimentos la causa más
evidente - ha producido disturbios en Burkina Faso, Níger, Camerún, Costa
de Marfil, Egipto, Senegal, Etiopía, Haití, Yemen, y Filipinas,
registrándose muertes en al menos cuatro de estos países.
El FMI informa que los precios de los
alimentos han aumentado 48 por ciento desde finales de 2006.
Las instituciones están haciendo bien en
tratar de concentrar la atención del mundo sobre la desesperada situación
que rápidamente introduce una nueva inestabilidad en países ya
vulnerables. También es posible, sin embargo, deducir que las
instituciones están trabajando arduamente para ser consideradas como parte
de la solución, con la esperanza de que esto hará menos probable que se
las identifique como parte de la causa. Los programas agrícolas en muchos
países, particularmente en África, fueron devastados por los "programas de
ajuste estructural" de los años 80 y 90. Si bien los regímenes anteriores
estaban llenos de problemas, las reformas insistieron con frecuencia en
poner tanto a los agricultores como a los consumidores a merced de
intermediarios no regulados y dejaron a los agricultores sin posibilidades
de acceder al crédito, los servicios y la asistencia en materia de insumos
(fertilizantes, pesticidas, etc.) que habían recibido alguna vez. La
promesa del Banco de duplicar su ayuda a la agricultura en África, a 800
millones de dólares al año, ha sido bienvenida por muchos, pero aún no
queda claro qué tipo de programas habrán de introducirse. Si los programas
están diseñados para alentar la explotación agrícola a gran escala y las
empresas de suministro de semillas e insumos, pueden acabar perturbando
aún más la economía agrícola basada en los pequeños productores.
El Banco Mundial difundió varios comunicados
de prensa y dio a conocer un informe elaborado para la reunión de su
Comité de Desarrollo denominado "El aumento del precio de los alimentos:
opciones de políticas y la respuesta del Banco Mundial" (documento
en inglés). Por su parte, el FMI publicó un pequeño informe en su IMF
Survey (en
inglés).
Ambas instituciones identificaron causas
similares de la crisis - una convergencia de factores, incluyendo la
subida del precio del petróleo, la crisis global de crédito, el aumento de
la demanda de carne y otros productos por parte de la creciente clase
media china y otros mercados emergentes, y la demanda cada vez mayor de
cultivos como el maíz y la caña de azúcar para producir etanol y otros
agrocombustibles. Pero ninguna de las instituciones tiene una solución
convincente para ofrecer. De hecho, las instituciones que han apoyado el
"libre comercio" de manera ferviente, tendrán dificultades para recomendar
medidas que reconozcan a los alimentos como un producto único que no puede
ser tratado como una mercancía ordinaria. Hasta el momento, gran parte del
énfasis lo han puesto en alentar a los países a limitar el uso de
subsidios al consumidor y las restricciones a las exportaciones.
Tanto el FMI como el Banco Mundial dicen que
pueden ampliar los programas existentes (el Banco menciona que
incrementará un próximo crédito a Burkina Faso) para tornar disponible una
mayor asistencia. Además, ambos dicen que están ofreciendo asesoramiento
en materia de políticas a los países que enfrentan escasez de alimentos
y/o inflación. Pero ninguna de las instituciones asegura ser capaz de
revertir el problema a la brevedad; de hecho, ambas parecen esperar que el
problema persista durante varios años.
El informe del FMI dice que "en África y en
Asia el efecto del aumento del precio de los alimentos tendría que
considerarse no sólo en lo que respecta a socavar los esfuerzos en la
lucha contra la pobreza, sino también como la representación de un nuevo
tipo de desequilibrio macroeconómico" (...) Para una gran parte de África,
se podría esperar que el impacto fuera tan grande, y tal vez más grande
que los impactos anteriores".
Strauss-Kahn intentó dramatizar el problema en
una conferencia de prensa: "Miles, cientos de miles de personas morirán de
hambre. Los niños padecerán desnutrición, con consecuencias para toda su
vida". Zoellick, además de utilizar una bolsa de arroz en la conferencia
de prensa, dijo que "33 países" - curiosamente, un número preciso sobre el
cual no proporcionó explicación alguna – podrían ser objeto de disturbios
civiles debido a los precios de los alimentos.
La reciente explosión de la demanda de
agrocombustibles (también llamados biocombustibles) ha concitado la
atención de las mencionadas causas. El artículo de portada del
Wall Street Journal de fecha 14 de abril cita al ministro indio de
finanzas, Palaniappan Chidambaram, diciendo "cuando millones de personas
están pasando hambre, es un crimen contra la humanidad que los alimentos
deban ser desviados hacia los biocombustibles".
En el mismo artículo se señala que Zoellick
debe estar sintiéndose un poco incómodo, ya que como representante
comercial de EE.UU. afirmó y defendió las políticas agrícolas
estadounidenses, incluyendo la promoción del etanol obtenido a partir de
maíz. En una entrevista en la Radio Nacional Pública el viernes por la
mañana, Zoellick resistió el inusual embate agresivo del periodista para
que reconociera que el informe del Banco (antes citado) mencionaba a los
agrocombustibles como el principal factor causante de la crisis.
Para mí, el cambio súbito en la sabiduría
convencional con respecto a los agrocombustibles ha sido bastante notable,
y un motivo de esperanza de que la racionalidad puede prevalecer más
temprano que tarde. En julio de 2007 asistí al Foro Social de Estados
Unidos, donde participé en un par de paneles sobre los peligros de los
agrocombustibles. La amenaza que suponen para la seguridad alimentaria era
entonces un argumento bastante novedoso; ahora es un hecho aceptado. El
economista Paul Krugman, un popular columnista del New York Times,
mencionó la semana pasada a los agrocombustibles como la causa principal
de la crisis, y acuñó el término "demonio del etanol" (un juego de
palabras con la vieja frase prohibicionista "demonio del alcohol").
Mientras que la batalla está lejos de ser ganada, y sin duda se ampliará a
la "segunda generación" de agrocombustibles producidos a partir de
residuos y cultivos de ingeniería genética, los avances logrados hasta la
fecha son alentadores.
En el ínterin, sin embargo, la crisis de los
precios de los alimentos demandará sin duda una gran atención en el
intento por impedir la hambruna de "cientos de miles" (según los términos
de Strauss-Kahn) entre otros muchos.
Publicado en el blog de
la red sobre instituciones financieras (IFIwatchnet
blog) el 14
de abril de 2008. Reproducido en SoberaniaAlimentaria en abril de 2008.
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