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El FMI y el Banco Mundial se
reunieron el fin de semana pasado en Washington y se preveía que el tema
excluyente iba a ser la crisis crediticia. Pero cuando terminó la
reunión el lunes, el eje de las tensiones de la economía mundial parecía
haberse desplazado hacia un fenómeno que está causando tumultos en
varios países del mundo y obligando a los gobiernos a tomar medidas
comerciales extraordinarias: la suba imparable del precio de los
alimentos.
La imagen del jefe del Banco Mundial, Robert Zoellick,
que enarbolaba un pan y una bolsa de arroz frente a las cámaras, ayudó a
poner de relieve la situación de emergencia: los alimentos básicos
subieron un 83% en los últimos tres años, dijo. Dentro de ese promedio se
esconden subas aún más violentas en alimentos que no tienen sustitutos,
como el arroz, el maíz y el trigo. El arroz subió cerca del
60% desde enero (y aun así Filipinas, el mayor importador del mundo, en
una licitación del jueves sólo consiguió oferentes para dos tercios de lo
que pretendía comprar).
El trigo subió 130% de marzo a marzo. El maíz,
hoy atrapado en una guerra de pronunciamientos sobre la sensatez o
inconveniencia de convertirlo en combustible para autos, está un 35% más
caro que a principio de año. Por aumentos como ésos, 33 países, desde
México a Yemen, podrían estar al borde de revueltas sociales, advirtió el
Banco Mundial.
Para proteger sus mercados internos y contener la
inflación, China, India y Rusia han subido este año los derechos a la
exportación de alimentos. China, India, Egipto y Vietnam prohibieron o
restringieron las exportaciones de arroz. Kazajstán, un importante
exportador de trigo, podría suspender toda venta al exterior hasta
septiembre. (Otros países, desde Perú hasta Burkina Faso, eliminaron
aranceles a la importación.) El proteccionismo de emergencia adoptado
por países que invocan la "seguridad alimentaria", desató alarmas entre
los partidarios del libre comercio, que aseguran que esas intervenciones
sólo van a exacerbar el problema de los precios, en un efecto dominó.
La decisión de Vietnam de recortar un 22% sus exportaciones de arroz
afectó los precios que paga Filipinas, ejemplificó la publicación
sectorial Asia Pacific Food and Drinks Insight.

Acusados
El motivo más inmediato del salto de los precios es tan
antiguo como la agricultura misma: malas cosechas. En Australia
casi no llovió en un año. En el 2007 hubo sequías en Canadá y una helada
seguida de lluvias excesivas deterioró la cosecha en EE.UU, el mayor
exportador de trigo del mundo. Pero esas calamidades meteorológicas
explican apenas una parte del ascenso abrupto de los
precios.
Un factor del todo nuevo es la presión de los
biocombustibles. Desde esta semana, el 2,5% de todo el carburante
vendido en el Reino Unido debe ser elaborado a partir de plantas; para el
2010 el porcentaje debe llegar al 5,75%.
La Unión Europea aspira a que el 10% de todo su
transporte se haga con biocombustibles para el 2020. En los EE.UU., un
quinto de la cosecha del maíz se está derivando actualmente a la
producción de etanol para motores.
Atraídos por el nuevo brillo del maíz, los agricultores
redujeron otros cultivos, como la soja. Lo cual, a su vez, contribuye a
una escasez mundial de aceite comestible. Parece mentira que el
etanol y otros biocombustibles hayan pasado en menos de dos años de ser
vistos como una respuesta bonachona al petróleo caro y el cambio
climático a ser señalados como causantes de deforestaciones y otros
desequilibrios. Estudios del Food Policy Research Institute, de
Washington, estiman que la producción de biocombustibles explica entre
un cuarto y un tercio del aumento reciente de los precios agrícolas
mundiales.
Batallas diplomáticas están creciendo en torno al
etanol. En la Unión Europea, el primer ministro británico Gordon Brown se
declaró días atrás partidario de revisar las metas de sustitución
del petróleo; pero su colega alemana Angela Merkel (igual que el
presidente Lula en Brasil) defiende a los biocombustibles de lo que ve
como ataques infundados. "Cuando cien millones de chinos empiezan a tomar
leche, eso va a impactar en el precio de los alimentos", dijo, mientras
visitaba una planta de producción.
Merkel el mes proximo visitará Brasil, donde Lula dijo
el miércoles que "la comida es cara porque el mundo no estaba preparado
para que millones de chinos, de indios y de africanos comieran tres veces
al día".
En Washington, el apoyo al etanol sigue siendo
sólido. Y el lobby maicero ha sido virulento en su defensa contra los
cuestionamientos dirigidos por organismos extranjeros y ONG a la novedosa
batalla entre platos y tanques . " El etanol se hace de maíz", dijo
el senador republicano de Iowa Charles Grassley. "Y apuesto a que si a
ellos les ponen por delante un bushel de maíz ninguno se lo come".
"Hay para todos"
Aun cuando el etanol no explica la mayor parte del
aumento de los precios de los cereales, es un factor fácil de
culpabilizar. No sucede lo mismo con el otro gran acelerador de la
demanda, el crecimiento de las clases medias en China y otros
nuevos países industrializados. En 1985, el chino promedio comía 20 kilos
de carne por año; ahora come 50. Para engordar ese ganado se usa gran
cantidad de granos. Muchos argumentos neomalthusianos han empezado a
sonar, y se harán más insistentes si la crisis alimentaria se profundiza.
Pero u n panel de 400 científicos que elaboró para la
ONU un flamante informe sobre prácticas agrícolas asegura que el mundo
produce alimentos suficientes para todos, más allá de que 800 millones de
personas pasen hambre (ver "Un panel", en esta página).
En el último número de Food and Drinks Insights,
especialistas del sector hacen notar que, demanda aparte, un factor nuevo
que viene afectando la oferta agrícola, es la frecuencia cada vez mayor
con la que los agricultores se pasan de un cultivo a otro percibido como
más rentable.
Alimentos como inversión El Banco Mundial dice que los
precios de los alimentos seguirán altos este año y el que viene y
probablemente se mantendrán por encima de sus niveles del 2004 hasta por
lo menos el 2015.
La FAO, por su parte, prevé tres años duros y luego una
estabilización de precios (en la medida en que los agricultores plantarán
más, algo que ya ha comenzado a ocurrir con el trigo y el maíz).
Desde su posición de inversor y gurú, George Soros
señaló esta semana que el actual boom de los commodities –siete años
seguidos de suba de alimentos, petróleo y metales– todavía está en "fase
de crecimiento" y habló de una "burbuja generalizada" de materias primas.
A los fenómenos de escasez se suma el hecho de que fondos de pensión y
otros inversores mueven cada vez más dinero hacia el trigo, el cobre y el
petróleo, más rendidores en lo que va del año que las acciones y los
bonos. Según el Citigroup, las inversiones en commodities subieron más de
un 20% en el último trimestre, a 400.000 millones de dólares.
Los expertos establecen una relación entre el alza de
precios agrícolas y los precios récord del petróleo: usado en
fertilizantes y otros insumos, el petróleo caro encarece tanto la
producción de los alimentos como su distribución.
I. Stratta es periodista en el
suplemento Ieco, del diario Clarín (Buenos Aires), donde se publicó
originalmente este artículo, publicado el 19 abril 2008. Se reproduce en
abril de 2008 en SoberaniaAlimentaria.com con fines informativos y
educativos.
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